
El modernismo, movimiento originario de Hispanoamérica, surge tras una aguda crisis del pensamiento. Hastiados de la sordidez del realismo, Hispanoamérica encuentra en el modernismo un nuevo medio para manifestar las inquietudes de la sociedad.
Dicho movimiento centra su ideología en dos pilares fundamentales: la belleza y la libertad. De esta forma, todos los autores modernistas tendrán como modelo a seguir dichos valores, alcanzándolos cada uno de una forma distinta y propia.
José Martí se inserta históricamente en el surgimiento de dicho movimiento, es por esto que se puede establecer que su obra, a pesar de ser modernista es mucho más aterrizada (sobretodo si se le compara con la obra de Rubén Darío). Sin embargo, esto no significa que los elementos presentes en la poesía de Martí son menos modernistas, es sólo que el ideal de la belleza y la temática no es tan exacerbada.
Por lo expuesto anteriormente, a continuación se intentará establecer un acabado análisis del poema “Príncipe Enano” para así poder identificar los elementos característicos de la poesía de José Martí.
Para lograr dicho objetivo se analizará exhaustivamente la obra señalada, presente en “El Ismaelillo”, por medio de las herramientas poéticas propias del autor. Por lo tanto, lo primero que debe ser analizado con suma detención es el título de la obra seleccionada (Príncipe Enano). Sabiendo que el poema elegido aparece en El Ismaelillo, sabemos inmediatamente que es sobre el pequeño hijo de Martí. Además se puede establecer que ya el poeta le está asignando una gran importancia al hijo al denominarlo príncipe. Un príncipe, es aquél que está destinado a guiar el provenir de una multitud. Por lo tanto, al establecer esto, se está planteando que Martí le está dando una misión al hijo, a su príncipe: ser guía de alguien.
En segundo lugar, otro elemento que debe ser tomado en cuenta a lo largo del análisis, son los elementos ascendentes y descendentes presentes en el poema y el rol que juegan en él. Por lo tanto, como elementos ascendentes tenemos: las estrellas, volar, brillar, corona, etc. Cuando Martí habla de estrellas es refiriéndose a los ojos de su hijo y todas las cosas positivas que en ellos se reflejan.
“Sus dos ojos parecen
Estrellas negras:
Vuelan, brillan, palpitan,
Relampaguean!.”[1]
En estos versos, se puede observar cómo Martí toma una serie de elementos ascendentes para caracterizar la mirada de su hijo, dotándolo de una relevancia significativa, ya que sus ojos reflejan a los demás virtud, esperanza, cambio y un sin fin de elementos positivos.
Por otro lado, la corona –otro elemento ascendente– es símbolo de responsabilidad y de nobleza. Por ello, Martí al embestir a su pequeño rey de corona, lo está dotando de aquellas nobles características. Además, la corona puede verse como una referencia cristiana, como una aureola. Recordemos que Martí dota a su hijo de un carácter mesiánico, por lo tanto no es descabellado pensar que cuando habla de corona esta refiriéndose a las aureolas llevadas por los santos y que son símbolos de santidad, pureza y virtud.
En oposición a estos elementos, existen otros que son de carácter descendente. Por ejemplo: la cueva, las nubes negras, secarse etc. La cueva es considerada como un elemento descendente ya que lleva a la oscuridad, a las tinieblas. En otras palabras, al mal camino. Las nubes negras, por otro lado, son símbolos de tempestad, de tiempos difíciles, por lo cual también pueden ser consideradas como un elemento negativo dentro del poema. Finalmente, la sequedad tiene que ver con la carencia del algo y Martí lo dice:
“Su sangre, pues, anima
Mis flacas venas:
¿Con su gozo mi sangre
Se hincha, o se seca!”[2]
En tercer lugar, se puede establecer que en este poema de Martí se puede apreciar claramente la oposición entre dos polos opuestos: el bien v/s el mal. Este elemento se observa, particularmente, en los versos que relatan la entrada del niño a la oscura cueva y cómo con su luz de virtud va alumbrándola.
“¡Venga mi caballero
Por esta senda!
¡Éntrese mi tirano!
Por esta cueva!
Tal es, cuando a mis ojos
Su imagen llega,
Cual si en lóbrego antro
Pálida estrella,
Con fulgor de ópalo
Todo vistiera”[3]
En cuarto lugar, se puede establecer que al igual que todas las obras de Martí, ésta también puede ser considerada como poesía sensorial, ya que en ella menciona elementos que pueden ser percibidos por los sentidos. Para poder hacer tal afirmación, nos basamos en el hecho de que Martí hace muchas referencias a los colores y a los sonidos. Estos últimos se ven representados en la constante repetición de “s”, haciendo que el poema sea mucho más rítmico.
Por otro lado, tomando en cuenta el prólogo de El Ismaelillo, se puede establecer que José Martí cree en la transformación del mundo a través de la figura del hijo, pasando a tener éste un destino mesiánico. “Tengo fe en el optimismo, en la utilidad de la virtud, y en ti”[4]. Tomando en cuenta este elemento se puede establecer que Martí logra plasmar a la perfección, en el poema, la función transformadora del hijo. En la obra analizada, su hijo es un príncipe embestido de una corona y obligado a cumplir con ciertos modelos de virtud por la embestidura que se le ha entregado. Su hijo; aquel príncipe que debe entrar en la oscura cueva y con su virtud, transformarla. Es por esta importante misión que Martí alaba a su hijo, le jura fidelidad, ya que a través de su pureza logrará concebir un cambio en el mundo.
Otro elemento, que no debe ser pasado por alto en este análisis, es como el poeta logra que la figura del padre y del hijo se fundan en una sola. Martí nos dice:
“Él para mi es corona,
almohada, espuela”[5]
En otras palabras, lo que Martí nos plantea es que para él su hijo es: respeto (corona), consuelo (almohada) y mando (espuelas). Respeto, porque al compararlo con la figura de un príncipe merece otorgarle todo su obediencia y fidelidad. Por otro lado, el consuelo tiene relación con cómo el padre se vuelca al hijo para refugiarse en él, tal como lo hace en el prólogo de El Ismaelillo. “Espantado de todo, me refugio en ti”.[6] Finalmente, las espuelas pueden ser consideradas, metafóricamente, a la acción de mando u orden. Por lo tanto, lo que Martí intenta reflejar es la obediencia que le debe a su hijo.
Por otro lado, otro elemento que debe mencionarse en el presente análisis es el tono de cercanía e intimidad, existente entre el hijo y el padre, que se refleja a lo largo de todo el poema. Dicho elemento, puede observarse en todos aquellos versos en los que Martí habla de su hijo utilizando pronombres posesivos. “Venga MI caballero”[7] “Él para MÍ es corona”[8].
Esto, nos permite abarcar otro tema merecedor de análisis: el dialogo que se da con el hijo. Sobre esto, se puede establecer que Martí entabla un dialogo con su hijo, pero éste juega un rol de ausencia. Es un hijo que no se encuentra presente y al cual Martí habla desde la lejanía.
Finalmente, para acabar con el presente análisis se puede establecer que el tono de dicho poema no es tan angustioso como otros poemas de El Ismaelillo, sino que por el contrario es bastante esperanzador. Esto puede apreciarse en cómo el poeta habla de la misión del hijo, en la fe y fidelidad que le tiene, con respecto a su labor de cambiar el mundo.
En conclusión, se puede establecer que en el poema “Príncipe Enano” aparecen prácticamente todos los elementos propios y recurrentes de la poesía modernista de José Martí.
